CRÓNICA DE WANCHO LIMA. 89 AÑOS DESPUÉS
CRÓNICA DE WANCHO LIMA. 89 AÑOS DESPUÉS
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Saturnino Corimayhua en Wancho Lima.
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José Luis Ayala Olazaval
El domingo 16 de diciembre de 1923, a las nueve de la
mañana, el mayor E. P. Luis Vinatea, al mando de 350 soldados de infantería y
caballería, de pronto irrumpió en la comunidad campesina de Wancho, ubicada en
el distrito de Huancané, provincia del mismo nombre, en el departamento de
Puno. La novedad de la represión oficial fue que por primera vez un gobierno civil
como el de Augusto B. Leguía, enviaba la Fuerza Armada para reprimir indiscriminadamente a campesinos pobres, sobre
todo con el uso de ametralladoras, solo para en caso de guerra. Fue un acto cruel
de parte del Estado Peruano, hecho que ha sido registrado por algunos aficionados
a la historia y diletantes como Florencio Díaz Bedregal y Luis Gallegos. Pero
hay trabajos serios que corresponden a Wilfredo Kapsoli, Antonio Rengifo, Leoncio
Mamani Coaquira, Wilson Reátegui, Pablo Macera, José Luis Rénique y José Luis
Velásquez Garambel.
Cuando numerosos campesinos y campesinas de
Wancho, se encontraban dedicados al intercambio de sus productos como a la
adquisición de los que necesitaban y, los directivos de Wancho Lima realizan
una asamblea, fueron sorprendidos por una fuerza letal que empezó a disparar
para matar a todo ser humano, sin importarle que cayeran niños, niñas, ancianos
y pequeños comerciantes que llegaron de otros lugares. La represión jamás
narrada, después de acabar con campesinos, cuyo número determinado nunca se
supo, quemó el pueblo llamado Wancho Lima, fundado para conseguir un desarrollo
social y económico autónomo.
Muchos de los dirigentes fueron apresados
y trasladados por orden de Vinatea al local del Concejo Provincial de Huancané,
donde los torturaron y luego dispuso el fusilamiento sistemático como colectivo.
Mariano Paqo Mamani logró salvarse zambulléndose en el río Cocahuta y luego se
presentó en Lima para mostrar las cicatrices de la tortura y heridas de las
balas que no pudieron matarlo. Tanto Ezequiel Urviola como Carlos Condorena se
encargaron de denunciar los hechos de violaciones de derechos humanos. El
Congreso de ese entonces se mostró estoico como indiferente, el eterno diputado
legüista por Huancané, Juan de Dios Salazar y Oyarzábal, negó cínicamente los
hechos ocurridos en Wancho Lima.
Después de muchas muertes y al final de una
represión inhumana, Vinatea, declaró que era un peligro el hecho que los
campesinos aprendieran a leer y escribir, recomendó tener mucho cuidado con los
“indios letrados, anarquistas, socialistas
y comunistas”. Advirtió que era necesario establecer un cuartel en
Huancané, para vigilar, analizar y reprimir los futuros actos de reivindicación
social “de los indios”. Así, el domingo 16 de diciembre de 1923, la ciudad de
Wancho Lima, capital de la República
Tawantisuyana, quedó en escombros.
Desde entonces han transcurrido 89 años, el
mayor E. P. Luis Vinatea, el juez Enrique Gallegos, el gamonal y diputado por
Huancané José Alemán Cornejo y menos los subprefectos y actores mestizos de la
represión, no fueron procesados por el Poder Judicial, una entidad como la de
ahora sigue siendo corrupta con excepción de algunos jueces probos. En el lugar
denominado Muquraya, donde antes
estaba ubicada la Ciudad
de Wancho Lima, ahora se ha construido un centro poblado que viene a sustituir
a la antigua capital de la descolonización cultural y política. El paisaje
sigue siendo el mismo, sin embargo, dialécticamente hablando nada ha cambiado
pero nada tampoco es lo mismo de antes.
Para realizar un acto conmemorativo y
homenaje a los héroes civiles de Wancho Lima, el día jueves 13 de diciembre, se
desarrolló una actividad cultural en el local
del Concejo Provincial de Huancané, organizado por el director del Colegio “César
Vallejo”, profesor Rolando Poma Ramos, quien tuvo a su cargo las palabras de
bienvenida y el acierto de invitar a Fidel Mendoza, Leoncio Mamani Coaquira,
José Luis Velásquez Garambel y a Jorge Flórez-Áybar. El suscrito leyó varios poemas,
Fernando Chuquipiunta saludó a los escritores y Carmen Luz Ayala, leyó también
poemas en su tierra natal.
La gran sorpresa de la noche fue la
presencia y participación de Saturnino Corimayhua, quien fue invitado por el
ilustre docente y paradigmático director del Colegio “César Vallejo” de
Huancané Rolando Poma Ramos, para que hiciera el uso de la palabra. Como viejo
zorro político, cuajado en mil batallas ideológicas que las ganó a base de
pundonor y visión de un mundo en conflicto, habló con el corazón en la mano.
Agradeció en nombre de la comunidad campesina de Wancho Lima a los escritores
invitados y señaló que se había gestado un movimiento destinado a conseguir la
distritalización de Wancho Lima. Las palabras y convicción de Saturnino Corimayhua,
hizo recordar su participación en las
luchas campesinas del siglo pasado, más aún cuando llegó a ser secretario general
de la Confederación
de Campesinos del Perú.
Al día siguiente, viernes 14, en el
Pedagógico de Huancané, Aurelio Medina
“Moshó” disertó acerca del “Orsismo”, Leoncio Mamani Coaquira y el cronista que
suscribe este informe, se refirieron al significado de la gesta de Wancho Lima,
Fernando Chuquipiunta leyó sus poemas. El domingo 16 antes de trasladarnos a
Wancho Lima, la alcaldesa Margarita Corimayhua Carcasi, se hizo presente para
entregarnos una condecoración porque tenía que viajar para atender un asunto
urgente en Juliaca. Una vez constituidos en Wancho Lima, dirigidos por Saturnino
Corimayhua hicimos una peregrinación por los históricos lugares de la tragedia
del domingo 16 de diciembre de 1923.
Por la tarde visitamos la tumba de Evaristo
Corimayhua y se rindió un homenaje a Antonio F. Luque, muchos pobladores
salieron de sus casas para saludarnos. Cuando llegamos a la plaza de Wancho
Lima, nos informaron que “un francesito había llegado para concurrir a la
ceremonia”, era Dimitri, a quien habíamos conocido en Lima y ahora trabaja respecto
a rebeliones campesinas de Puno, su tesis incluye un estudio referente a las
ideologías de los movimientos sociales campesinos del siglo XX. Dimitri se
mostró en todo momento admirado por el grado de cohesión y fraternidad de los
wancheños. Fue también un día para recordar a Yaqueline Weller, lingüista
francesa que llegó hasta Wancho Lima en 1969, falleció en París, en el mes de
abril de este año. Trabajaba para el C.N.R.S y la acompañamos para conocer a
Mariano Paqo Mamani, ignoramos dónde estarán ahora las grabaciones que poseía,
como fotografías y planos que
reconstruyó a base de entrevistas. La imagen de “Yaquicha”, su dulce sonrisa
aparecía detrás del viento. Su voz traída el resplandor de la tarde se parecía a
una melodía de zampoñas tocadas al fondo del tiempo y la memoria que no la
olvidará nunca.
Durante la caminata muchas personas se
acercaron para decirnos que Wancho Lima sigue siendo una comunidad luchadora,
que la llama de la libertad y los derechos de los campesinos no se ha extinguido.
Sin duda, el proceso de descolonización ha empezado a madurar, aunque nos
dijeron que también hay wancheños indiferentes, a quienes no les interesa el
destino de su comunidad, durante tantos años tan segregada, abandonada y
detestada por un Estado nación con mentalidad colonial. Sin duda la pobreza ha
aumentado, el éxodo ha sido masivo y la falta de oportunidades de trabajo ha hecho
un efecto letal de abandono social del campo.
Así, los wancheños de hoy están más pobres
que antes de 1923. De nada ha servido que se hayan sublevado contra un sistema
injusto de explotación social. El Estado nación los ha castigado
sistemáticamente, los ha abandonado para que nunca más las comunidades de Puno reclamen
sus derechos, no les ha dado nada. El agro está abandonado, los campesinos no
tienen acceso a crédito, ni semillas, no hay nuevas construcciones de viviendas.
Lo poco que producen es solo para el autoconsumo, a pesar de haberse detectado
la presencia de gas y petróleo, esa riqueza si es explotada, no beneficiará a
Wancho Lima sino a empresas extranjeras. Sin embargo, Wancho Lima sabrá hacer
respetar sus derechos a las riquezas naturales. Está históricamente demostrado
que la explotación minera y petrolera empobrece a las poblaciones y solo dejan
desolación, miseria y pobreza.
Un caso curioso fue la repentina presencia
de “B. Zool Abel de la
Serna Cornejo. Especialista zootécnico T. 14883. Andel 85.
Tco Agropecuario. 0655-Ina-91-69”,
quien se presentó en Huancané, portando un maletín lleno de remedios para
ganado. Se ofreció acompañarnos para: “contribuir en el esclarecimiento de los
hechos, muchos de ellos han sido tergiversados por algunos historiadores”. En
efecto, guardó su mercadería consistente en remedios para el ganado contra la
fiebre la aptosa, diarrea, cansancio, presencia de garrapatas, pulgas y otras
enfermedades. Más tarde nos informaron que había trabajado en Lima como
veterinario y sufrido un accidente.
Así,
Abel de la Serna Cornejo
resultó ser un personaje fraterno, curioso y a la vez extraño, pero es sin duda
es un wancheño narrador de hechos imaginarios, dijo lo siguiente: “Lo que pasó
en Wancho Lima, en 1923, fue una masacre sin nombre. Los caballos de Vinatea
llegaron en la madrugada botando fuego por la nariz, parecía que montaban anchanchos (1).
Era un
oficial que odiaba a los campesinos progresistas y expedía espuma por la boca:
‘Hay que matar a estos indios’ - había dicho. Los soldados obedecieron porque
la mayoría eran del Cusco y como quechuas despreciaban a los aymaras de Puno,
nada señor, disparaban al cuerpo, tiro certero, ¡qué vaina!, de frente al
corazón. Este oficial no quería hablar con nadie aunque los dirigentes hicieron
flamear una bandera blanca. Nada señor. ¡Qué carajo!, maten a todos - ordenó.
Los cadáveres se veían desde lejos. Preguntaba: ¿Quiénes son dirigentes? Una
vez identificados, ya está, - mátenlos – ordenaba.
Una
noche llegó el presidente Augusto B. Leguía en su caballo negro, hermoso. Yo
como veterinario conozco a los animales y sé que cuando están cansados no quieren
caminar más. Llegó desde Lima y habló con los dirigentes wanchenos. ‘Sigan
adelante, los indios son mi hermanos menores, hagan escuelas y un qato (2), si algo pasa, rápido van a
Lima y los defenderé. Daré mi vida por
ustedes’ – dijo. Pero a la hora de los loros, se torció como todo misti traidor (3). Después de la matanza, dijo: ‘No me jodan, no me
fastidien, tengo tanto que hacer y no voy a escuchar a los indios. Si los han
matado que los entierren’.
Ese Vinatea llegó a ser general pero nada
le pasó, dice que se reía cuando le hablaban de Wancho Lima. El Che Guevara
quiso venir para ayudar a los wancheños pero Fidel Castro le había dicho:
‘Mejor no nos metamos porque no nos han llamado. Sería feo quedar mal ante la
gente que ni nos conocemos. No sabemos su idioma ni conocemos sus costumbres,
además qué hablarán, mejor tranquilo nomá chino’. De repente los dirigentes se
convirtieron en personas invisibles, eso falta investigar, Yo conocí a un
viejito, me aseguró que Vinatea mascaba pólvora y cagaba balas. Por eso estaba
prohibido acercase a él a cualquier persona que fumaba. El rancho de los
soldados era así: papas con ají y pólvora, bastante café con mejoral (4) para que actúen al toque, les
puso un tapón en los oídos para que no escuchen el sonido de las ametralladoras
ni llanto de los niños y mujeres que pedían auxilio. Nada, nada: ‘Maten a estos
indios de mierda’ – era la orden.
Desde lejos se podía ver el fuego de los
techos de la Wancho Lima
y las casas de campesinos. Gente en los cerros como moscas. Las ametralladoras
sonaban: ‘Treque, treque, treque’. La gente gritaba: ‘Bala, bala, bala’, por
eso nos dicen “wala walas” (5). Después llegaron varios periodistas,
historiadores, ‘voy a escribir un libro’ – dijeron. Nadie sabe que hay un túnel
que sale de Aña aña (6) y llega a la plaza de Wancho, por eso se salvaron los
maestros. Hay otro túnel que entra a las minas de plata. Los wancheños no van
al cielo, prefieren el infierno porque allá hay minas. Les gustan las minas.
Antes de llegar a Lima San Martín pasó
por Wancho. Como era un misti que hablaba jerga argentina y los wancheños no sabían
hablar castellano, había dicho: ‘Mejor me voy a Lima y allí hablaré con los
criollos mistis’. San Martín tenía mucho dolor de cabeza, le dolía también el
estómago. Era soltero, pero en Puno dejó un hijo con otro apellido’.
Nadie camina de noche por Muquraya (7)
porque los
muertos dice que se reúnen, a veces, para saber qué pasa. Pero en Todos los Santos
regresan a sus casas y bailan, es terrible verlos o escuchar cuando tocan pinquilos (8). Ahora los jóvenes que van al
cuartel ya están fregados, los que van a Lima peor. Ya no quieren comer chuño (9) ni watias (10). ‘Son cosas de indios’ – dicen. Escuchan música
roquera, quieren enamoradas mestizas, los abogados ya no vienen, hacen sus
casas en las ciudades. Así todo va a la deriva, algunos solo vienen en las
fiestas y derrocan mucha plata, cuando en las ciudades viven pobremente. Eso me
consta a mí. Ahora cualquiera es doctor. ‘Dime doctor. No soy como tú. Amarra to
lingua. Mírate en el espijo’ – dicen.
Pero más allá de esta simpatiquísima anécdota
que tiene una mezcla de cosmopercepción, una falsa visión de la historia y de la
realidad. Lo importante es señalar que en Wancho Lima, ahora hay un fantasma
que recorre sus caminos. Los wancheños han decidido que esa comunidad y poblado
menor, se convierta en un distrito de la provincia de Huancané. En otras
palabras, reemprender el proceso trunco de descolonización y cuestionar al insoportable
centralismo hispano, criollo y limeño que tanto daño ha hecho y hace al Perú. Es
una cruzada que había quedado como una promesa incumplida a sus héroes civiles,
pero ahora los wancheños han decidido tener sus propios alcaldes y autoridades
aymaras democráticamente elegidas. Sin embargo, los wancheños están más pobres
que antes de 1923, el Estado-nación los ha derrotado sistemáticamente, los ha
desterrado y condenado ha convertirse en parias del siglo XXI. No hay una
fuerza capaz de revertir esa dolorosa realidad. Los jóvenes prefieren migrar
porque el Estado nación, no ha invertido ni un solo centavo para el impulsar el
desarrollo del agro. Hace muchos años que Huancané no tiene un representante en
el Congreso y menos en el Gobierno Regional. El actual representante por
Huancané ha sido formalmente denunciado por nosotros haber ordenado la quema de
libros del I Festival del Libro Huancaneño. En Huancané no existe una sociedad
civil capaz de reclamar los derechos cívicos ni humanos de su población. ¿Hasta
cuándo? Hasta que haya un nueva generación con identidad y conciencia política.
Todo depende ahora del apoyo que tengan los
wancheños en el desprestigiado Congreso de la República, porque
tendrán que conseguir la cantidad de votos necesarios para la aprobación de una
ley. Luego obtener el apoyo de la presidencia de la República. En gran medida
depende de la llegada que tengan ante la señora Nadine Heredia, al duro ministro
de economía y sensibilidad del presidente Ollanta Humala Tasso, quien finalmente
determinará si ese derecho procede o no. Nunca como ahora significa una tarea
difícil pero no imposible de realizar. Como se trata de un gobierno al servicio
de las transnacionales, con una clara expresión de política colonial y ningún
apoyo a las comunidades campesinas, ya veremos qué pasa. De todos modos, Wancho
Lima y los hermanos wancheños, contarán siempre con nuestro apoyo incondicional
a cambio de nada.
(21/12/2012).
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José Luis Ayala y Saturnino Corimayhua
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1. Anchancho. Ser mitológico de la
cosmopercepción andina, parecido a un chancho, animal nocivo porque se come los
frutos inmaduros de los cultivos.
2. Qatu. Lugar de comercio donde se
realiza el intercambio de productos alimenticios, por lo general hay un día de
la semana para esta antigua forma de sobrevivencia.
3. Misti traidor. Mestizo, insincero y
lleno de ambigüedades.
4. Mejoral. Pastilla para curar la gripe
y aminorar el dolor.
5. Wala wala. Palabra aymarizada
que significa bala, bala.
6. Aña aña.- Lugar donde funcionó la
primera escuela clandestina de la comunidad de Wancho.
7. Muquraya. Lugar donde fue construida la Ciudad de Wancho Lima.
8. Pinquillos. Instrumento musical de
viento, hecho de caña hueca.
9. Chuño.- Papa deshidratada.