Requiem por el templo de Tintiri
Requiem por el templo de Tintiri
(José Luis Ayala)
Publicado en el diario Lso andes de Puno : 06 de marzo 2016

El lamentable derrumbe de una de las torres del templo de Tintiri es de absoluta responsabilidad del Estado Peruano. Pero la pregunta que emerge del fondo de los hechos es: ¿Existe acaso el Estado Peruano? Sí, pero para acosar a la gran mayoría de ciudadanos que sobreviven en medio de una realidad sórdida y dolorosa. No, al haber limitado sus funciones para beneficiar a quienes llegaron al poder desde la nefasta administración de Alberto Fujimori Fujimori. En otras palabras, el neoliberalismo impuesto desde una Constitución apócrifa, participación de transnacionales y la CONFIEP, han destruido al Estado Peruano.
Entonces, se trata de la ausencia de una política cultural e inexistentes acciones para proteger el patrimonio cultural. El Ministerio de Cultura es un ente burocrático anodino. No tiene capacidad ni autoridad para exigir que se realicen las mínimas acciones para impedir la depredación del patrimonio cultural. Todo estaba anunciado y previsto, ahora solo falta que haya tres derrumbes más para que el templo de Tintiri desaparezca. Lamentablemente eso ocurrirá y nada podrá impedir que el templo milenario, un día no lejano, sea solo escombros.
¿Cuántos templos y capillas han desaparecido en el Perú durante los últimos cien años? No hay estadísticas. ¿Cuántos retablos, pinturas, esculturas y campanas han sido sistemáticamente sustraídos? Nadie sabe nada. ¿Cuántos libros antiguos e incunables han sido robados de los templos y capillas? ¿Dónde están las campanas de la torre del templo Santiago de Huancané? Mucha gente que sabía ha muerto, pero ese hecho no se ha borrado de la memoria social.
En efecto, al lado izquierdo del frontis del templo Santiago de Huancané, hacia 1650, se terminó de construir una torre de más de veinte metros de altura que albergaba una campana grande llamada María Angola. Pero además había otras tres pequeñas que acompañaban en los tañidos que conocía la población hasta la desaparición de las cuatro campanas. En vez de la antigua torre, curas norteamericanos mandaron a construir dos torres asimétricas, deformes y sin ninguna armonía ni proporción de volúmenes en relación al frontis y sólido arquitectónico cuerpo del templo Santiago.

La campana llamada María Angola de Huancané era administrada por un anciano de apellido Parodi, quien conservaba una serie de partituras para las diferentes formas y modos de tocar la campana principal acompañada de otras tres. De modo que los acontecimientos sociales eran transmitidos por el repique de campanas, así se podía conocer que alguien había fallecido, anunciaba el nacimiento de niños y llegada de personajes importantes. Lo más musical eran las llamadas para las celebraciones de las misas de fiestas patronales.
El anciano Parodi, de unos 80 años, subía con dificultad las gradas de la torre, razón por la que adoptó a un joven a quien le enseñaba a repicar las campanas. Las partituras estaban conservadas en un viejo baúl de madera construido expresamente para guardar los rollos que se “leían”, en una especie de rodillo donde cada “pieza musical”, era a la vez desenrollaba, despacio, con armonía, por una persona que ayudaba en el “Canto de la campanas”. La torre destruida guardaba una maravillosa armonía arquitectónica, parecía un poema rural construido por manos aymaras que sí conocían, el equilibrio cósmico entre el paisaje y la geografía.
De acuerdo a la mentalidad colonial impuesta y sostenida por la Iglesia Católica, a la hora del Ángelus, las campanas del templo Santiago emitían una oración metálica que era escuchada y celebrada por una pequeña población de mestizos y agricultores. El sonido de las campanas de ahora, que han sustituido a la María Angola y las otras pequeñas campanas de Huancané, se escucha como un lamento y una queja contra el saqueo y paulatino desmantelamiento de lo que fue uno de los templos más hermosos y ricos en pintura colonial.
Pero lo que ocurre con el templo de Tintiri, además de ser una ofensa a la dignidad nacional y memoria social, representa una forma de administración que no le importa el Perú esencial. Hace muchos años que los templos de Juli esperan ser atendidos y por más gestiones que se han hecho, nada se ha podido conseguir para detener una desaparición anunciada. ¿Por qué la Iglesia Católica, que es una entidad transnacional, no invierte en la preservación y recuperación de los templos en proceso de extinción?
De allí la necesidad de insistir en la urgente tarea de la redacción una nueva Constitución Política del Perú, a cargo de una Asamblea Constituyente, que entre otras tareas tenga la creación de una política cultural coherente. Mientras tanto, muchos templos como el Tintiri se derrumbarán ante la indiferencia de ministros de Cultura, Educación, Economía, el Congreso de la República, Consejo de Ministros y del propio presidente de nuestra República criolla, colonial. Y es mucho más lamentable ahora que la mayoría de los candidatos a la presidencia de la República no tengan en cuenta este tema vital e importante. Desgraciadamente, en pleno siglo XXI, el Perú se parece a Tintiri, el neoliberalismo brutal e inhumano nos han ha convertido en una ruina, desde cuyos escombros todavía es posible reclamar un derecho irrenunciable.
Un
recuento histórico:
La iglesia “Tintiri” de Azángaro
Escribe: Hernán A. Jove
Quimper | Diario Los Andes, sección Cultural - 24 ene 2016

En el 2010 se formó el centro poblado “Tintiri” con 50 familias,
estimulado por el pavimentado de la carretera Azángaro-Muñani-Sandia. La
iglesia “Tintiri” emergió en la feudalidad de la república oligárquica (1860) y
el conflicto de la guerra con España (1866), cuando el hacendado gamonal José
María Lizares Quiñonez (1826-1904), reclutó campesinos indígenas de
“Añaypampa”, “Cayacayani” y “Jilahata-Choquechambi”. Formó un batallón militar
de 600 hombres, lo llevó a Lima-Callao, apoyando al presidente Mariano Ignacio
Prado (1865-1868) y se hizo Comandante del ejército “Batallón Azángaro”.
Concluida la guerra, fue ascendido a Coronel.
La hacienda “Dos de mayo” fue codificada con el significante de
“Tintiri”, por repudio campesino, pues significa “sangre”, “tinta”, “tiranía” y
“tintirillo”. Era la significación al origen ilícito de la hacienda “Dos de
mayo” (200.46 Ha) y “Cayacayani” (1,744.25 Ha). El infame gamonal, Coronel José
María LizaresQuiñonez, “alma mía” o “el chacal”, era “tirano”, “déspota”,
“tinterillo”, “leguleyo”, “tramposo”, “estafador” y “pleitómano”. De conducta
coercitiva y violenta, sediento de un botín: extorsionaba, arrebataba y se
apropiaba a fuerza de crímenes, látigo y pleitos, de las tierras de los
campesinos indígenas al desamparo del Estado oligárquico republicano. Luna, L.
(1961 y 1998) y Salas G. (1967), narraron hechos de sangre, la injusticia y el
absurdo del papeleo judicial en “Kapakmarca” (pueblo de ricachos).

La Iglesia “Tintire” o “Romería del señor de Tintire”, fue edificada
sobre una huaca pre-inca “Añaypampa”, con una planta basilical cuadrada (45 m x
50 m) sobre una superficie de 2,250 m2. En forma de cruz latina de Este a
Oeste, con cimientos de piedra y barro, paredes de adobe con mezcla de lana y
paja, con dos puertas de entrada. La puerta superior está construida de
ladrillo y la inferior, de piedra y barro. La mesa ritual de sacrificios con
argamasa de sustancias de cuero hervido y sangre. El cuerpo del templo tenía
tres naves, la nave central era la más alta (8 m), con dos laterales de 6 m de
altura y ventanas para la iluminación. El techo y paredes interiores estucados
con barro fino. Tenía dos torres campanarios de 17 m de altura, que marcaron
los tiempos de misa. Para Pisagua (1903), terminado el templo iglesia “Tintiri”
(1863), más parecía cueva de ladrones. Originalmente, fue techada con tejas,
luego, en 1905, fue refaccionada con calamina inglesa, adquirida de la ciudad
de Arequipa.
La iglesia “Tintiri” fue un medio coercitivo de la libertad espiritual y
corporal de los campesinos indígenas, al rigor personal de la autoridad
patriarcal déspota, avara y utilitarista. Pisagua (1903), comentó que José
María Lizares Quiñonez, tuvo el cinismo de obligar al pueblo de Azángaro a
sepultar a sus muertos en “Tintire”. La iglesia “Tintire”, convertida en
panteón humano y de salvación espiritual monetaria, obtenía rentas con sepelios
estamentales. La salvación individual de almas afligidas insertada a la iglesia
“Tintiri”, era de completa irracionalidad ética religiosa, irónicamente solo
accesible a los pudientes, no importaban los pecados ni crímenes. Las almas que
irían al cielo se inhumaban en los subterráneos cercanos al altar; las que
debían ir al purgatorio, en los subterráneos laterales; y las almas condenadas
al infierno, fuera de la iglesia. Con el paso del tiempo, los túneles fueron
conectados a la casona “Camal humano” de Azángaro y la casa hacienda “Bóveda de
tortura” de Muñani Chico. El “Camal humano” o “Matadero humano” fue vendido al
Municipio de Azángaro (1992), allí se construyó el edificio edil y el teatro
Municipal.
La iglesia “Tintiri” fue el panóptico rural de difuntos y la jaula
terrenal de afligidas almas campesinas, por la malignidad y la ferocidad
irracional del gamonal Coronel J.M. Lizares Quiñonez. Tamayo, J. (1982),
refiere que la iglesia “Tintiri” fomentó el dominio y la tiranía opresiva del
gamonal déspota en la sociedad patriarcal feudal. Para Pisagua (1903),
significó: luto, sangre, muerte, horrores y lágrimas; el pan arrancado a los
huérfanos, viudas y víctimas indefensas. El gamonal Coronel José María Lizares
Quiñonez, con sotana, convertido en cura déspota, junto a su ayudante el
párroco Aquino, usurpó las funciones sacerdotales con sermones y embustes,
dizque por méritos concedidos por el Papa Pío IX del Vaticano.
La iglesia “Tintire” era una ermita para la “Romería del señor de
Tintiri” y la festividad del “Señor de la exaltación”, celebrada el 14 de
setiembre de todos los años en honor a los niños pastores de ganado de sus
fincas, hasta los años 60s, siglo XX. Mercado Gonzáles, J. (1982), narró que
durante su apogeo, convertida en fortaleza, los colonizados y gente extraña no
podían transitar libremente por las noches; los sicarios liderados por los
Miranda y Béjar, secuestraban a las jóvenes llevándoselas a caballo. Hacían
todo tipo de abusos, entre ellos mayordomos y quipus de hacienda. La iglesia
“Tintire”, años más tarde a la muerte de José María Lizares Quiñonez (1904),
fue heredada por adscripción a su hijo José Angelino Lizares Alarcón
(1866-1930). Según Gallegos, Luis. (2006), el “Coronel de la espada virgen”,
“Fray Angelino” o 100
“Artega Alarcón”; cruel, violento y sanguinario como su progenitor.
Caudillos militares de la guerra con España y Chile mantuvieron “cuerpos
armados de sicarios”, con fusiles Charleville y carabinas Winchester. Con
embustes impusieron violencia física y legal, requisando títulos de propiedad
de tierras, quemando y victimando con sicarios a los opositores campesinos y
hacendados.
La iglesia “Tintiri” del Coronel José María Lizares Quiñones, según la
teoría religiosa de Weber (1944, 2012), Comte (2012), Cohen (1986), Marx
(2012), Durkheim (1982) y Parsons (1976), fue atípico, era un instrumento de
dominación y control social campesino, símbolo de opresión espiritual, legitimó
la subordinación campesina y no fue gratificante de valores cristianos. De
acuerdo a Foucault (2012), el poder del gamonal Coronel J. M. Lizares Quiñonez
se sustentaba en el disfrute y ejercicio de la vasta propiedad territorial
feudal de la iglesia “Tintiri”. Como expresión religiosa de dominio espiritual
campesina, duró más de un siglo (1860-1968). Instrumentalizada por el poder de
la religiosidad católica, orientada por fines y acciones tradicionales desde la
represión violenta sanguinaria a la dominación ideológica espiritual como
“wirakhocha” o “tatituy”.
En 1956, Talavera (1983), refiere en su visita a la iglesia “Tintiri”,
la existencia de estatuillas de santos y en los subterráneos, más de diez
ataúdes de madera sin identificación. En 1968 con la Reforma Agraria, llegó la
emancipación campesina y la muerte de la dominación simbólica de la iglesia
“Tintiri”, ésta fue abandonada y las estatuillas las destruyeron los hijos de
ex colonos siervos de hacienda. En 1982, post-reforma agraria, hubo ataúdes
blancos de niños y adultos empotrados en los nichos de los túneles, antes de su
profanación. En la tarde del mes de febrero 1991, cayó un rayo cósmico
fulminante sobre la torre izquierda de la iglesia “Tintiri”, derribándolo
estruendosamente en escombros; seguida de tormenta de granizo, relámpagos y
truenos. Así se inició el derrumbe material y simbólico del templo de barro de
los Lizares, llena de misterios, magia e historia teocrática. El dominio
religioso impuesta por la iglesia “Tintiri”, a través del ritual, sentimiento y
creencia para los campesinos, había fenecido.
El histórico templo iglesia “Tintiri”, en la madrugada del día viernes
15 de enero a horas 2 am. 2016, se desplomó la torre derecha con estruendoso
ruido en escombros; aplastando a uno de los tres añosos árboles “queñuales”,
cercana a los portones de la iglesia. La iglesia “Tintiri” (1968-2016), quedó
convertida y codificada como símbolo: “Panteón del tirano”, “Tumba del
oligarca” y “Casa del diablo”.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
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